Invierno, tan frío que congela los labios.
Ganas de acurrucarse, las mantas un abrigo seguro.
El licor tibio me recuerda tus besos
Esos que nunca he de arrepentirme.
Desde los confines del alma
Invierno, tan frío que congela los labios.
Ganas de acurrucarse, las mantas un abrigo seguro.
El licor tibio me recuerda tus besos
Esos que nunca he de arrepentirme.
Todo tiene ganas de sonar en mis adentros.
Todo es musical.
Cuando se trata de lo que en mí
Tú despiertas.
Abro los ojos y te veo.
Escucho tu melódica risa.
Yo sueno con ella.
Del porqué que los árboles sangran en soledad.
(Cuando toqué el alma malograda el corazón consintió.)
¿Quién me dará una explicación?
Si alma mía, fuiste abnegada y sincera,
¿Por qué te maculan las promesas que otrora fueron hechas?
No quiero padecer el mal que afecta los duplos entendidos.
Me excomulgaré de esa doctrina que aliena,
Dejaré que sus hiedras tapicen otras murallas.
No estoy lista para odiar.
Podría pensar que nunca lo estaré.
La tristeza de los que no odian es siempre más larga,
Ella es absoluta.
Si tus finas manos supieran jugarse damas chinas con el pasado,
Si tu sonrisa no escondiera tantos llantos morados,
Si en vez de guerras sanguinarias tu ego pudiera dar paz a tu espíritu atormentado.
Si pudieras solo un día de esos banales,
Respirar el perfume que guarda la fuente de los sueños.
Y arrancarte de un tirón esa telaraña de tristeza que cubre tu rostro huraño.
Tu mundo podría volver a retener el calor que perdió con los años.

¿Quién diría que tu áspero aliento llegó hasta mí un día de sinrazones?
No, ¿Para qué recordarlo?
Soy ciprés mal logrado creciendo en valle estéril.
Tú camaleón bien orientado, siguiendo la ruta oeste.
Pensándote…
Pensándote…
Pasan ráfagas de emociones táctiles.
Pasa el jadeo intenso de una noche de distancias.
Pasa el tibio y liquido recuerdo.
Todo en un caleidoscopio vertiginoso.
Pensándote…se pasa el tiempo.
Adiviné tu rostro palideciendo.
Imaginé tu cuerpo cediendo.
Me figuré tu gozo.
Tu ego satisfecho.
No quiero oír el clip, clip de las manecillas
que tararea el reloj.
No quiero hacerlo.
No quiero despegar un parpado y que la fría mañana
congele mis recuerdos nocturnos.
No lo soportaría.
No quiero extender los dedos y tocar
toda esta soledad que inunda mi lecho.
No debería.
Cuando atontada de deseos de tu esencia
Me sorprendo escrudiñando el balcón de jazmín.
En vela te espero.
En vela te espero.
Cuando torpemente doy vueltas en la alcoba
Acomodando los muebles aquí y allí.
En vela te espero.
En vela te espero.
Cuando mi alma no sosiega, sin saber de ti.
En vela te espero.
¿Quién vela por mí?
Un proceso sedativo de adjetivos calificativos merodeando mi cabeza de gata. Un fastidioso descenso hasta tus anillos infernales. Pero mi risa no puede ser quebrada por tu dedo sucio que acusa tras bambalinas. No…no voy a revolver el polvo de ese espacio oscuro que te circunda.
“Yo” está mirando el rio de la vida que pasa serenamente lleno de barcazas sólidas.
“Yo” vuelve a tener paz.
Cuando digo “Yo” hay hoyuelos en mis mejillas de vuelta.
“Tu” llegó de manera susurrada, como llegan las espumas verdes a las orillas.
“Tu” supo que no necesitaba cantar, ni escribir, ni actuar de ninguna manera.
(Cuando eres “Tu”, es mi sentimiento duplicado.)
Hoy puedo decir “nosotros”, sin que algo muy parecido a la angustia llegue hasta mi paladar.
“Nosotros” por así decirlo es leve.
“Nosotros” suena a los tintineos del señor de viento meciéndose en días de tormenta.
A manos juntas y rostros posados sobre pechos sinceros.
“Vosotros” solo para contemplarnos…
“Ellos” para compartir, claro, siempre es bueno compartir.
Omitamos aquel que falta…sigamos mirando las aguas claras.
Todo empezó con una esquirla sospechosamente brillante y dura, que saltando de aquella primera explosión se incrustó en las entrañas.
Hematomas violáceos fueron los únicos testigos que el cuerpo acunó.
Fue necesario ver toda la mutilación que cada enfrentamiento producía.
Fue necesario engrilletar a los sentimientos suicidas para que no se hicieran soldados de esa contienda.
Tantas batallas, tanta sangre desperdigada.
Después de aquello, después de todo aquello…
Brilló el sol fantasmagórico, restos de combates obsoletos por donde se mirara.
Y de lo que fuimos:
Polvo.
Todo era solo polvo molecular.

Las capas de la piel van cayendo, una a una.
Un respiro profundo, tan intenso; obliga a arquear la columna.
Y luego ser consciente de cada uno de los músculos, las venas,
(¿Moléculas? ¿Átomos?)
Quema…de eso no hay dudas.
La puerta es el límite, aquí el bosque infinito consumiéndose en llamas,
Afuera el otoño frío estornuda sus gotas gruesas de lluvia.
¿Es la desnudez o la claridad de verlo todo tan intensamente?
¿Son las ganas de combustión…?
Cuando las tempestades rugen terroríficamente,
Ondulando las otrora pacíficas aguas del destino.
Ve con calma.
Cuando tan oscuro se vuelve el cielo de la vida y no alcanzas a distinguir las estrellas que lo pueblan.
Ve con calma.
Ve, eso sí, ve a buscarla.
No te ancles en el puerto sin nombre,
No te embarques en la nave oscura de la nada.
La araña maldita de la inconstancia se ha marchado al fin,
Bamboleando su enorme cola.
(La madrugada ya no tiene esos colores lechosos y depresivos.)
Restos de recuerdos van enmarañándose en la telaraña plateada del olvido
Que ha dejado colgada en un rincón del techo.
Sinfonía funesta, líquida, derramándose en las grietas que el alma contiene.
Como miles de langostas volando en un maizal.
Aturdiendo, aturdiendo.
Es el sonido que atraviesa los perfectos dientes,
Brota del diafragma y sale a borbotones…
Amortajada con encajes negros y cintas de raso
Aparece la sonrisa.
Aparece una mano larga, unas uñas largas y pulidas.
Aparece un grito desgarrado que solo el corazón delator consigue distinguir.
Ya no es música,
Ya no es silencio sepulcral,
Es un llanto consumido de desafecto.
Este súcubo malogrado en ocasiones esporádicas se toma atribuciones humanas
y busca en el eterno vértigo de espacio/tiempo,
adherir a su costra negruzca algún sentimiento.
Hay ocasiones en que quiere torpemente en sus fríos labios
sentir el tibio contacto de otros.
O enredarse en brazos como serpientes hasta perder el conocimiento.
Días de lujuria bajo sábanas gastadas ella anhela.
(Desvaríos de un demonio que tomando forma de mujer embustió a tantos…)
Ahora no quiere estar solo súcubo hipócrita.
Quiere al menos bichitos para torturar.
(Afuera los íncubos merodean sin nunguna moral)
La mañana bosteza neblina espesa.
La mañana suena a buses que ronronean.
La mañana huele a nescafé y pereza.
Mañanero sentimiento el de la soledad,
Despertar al mundo durmiendo aún,
Aún con el sueño del sueño, que soñado fue
Justamente para no despertar jamás.
Cruel castigo, mañana límpida y afable,
Nos acerca uno de esos soles implacables.
Nada más aborrecible, nada más predecible.
La mañana, el café, tu ausencia perfecta e indiscutible.
Deseos de haber ocultado más cosas.
Deseos de haber inventado caminos alternativos al dolor.
Deseos de descuartizar el maldito calendario y así volver a empezar.
Deseos de no haber entrado en esa maraña de emociones que no llevan a nada.
(A veces la nada es dulce y soporífera, es un buen lugar para estar)
** Presencia que me lastima de sobremanera.
Presencia que me deja pensar en miles de muertes distintas.
Presencia que febrilmente oscila entre lo irreal y lo posible.
Presencia que ignora la mía de forma convencional.
***
Deseos de permanecer secamente .
Deseos de tomar propiedades auto curativas.
Deseos desnudos, sin pudor, sin glorias.
***
Presencia que temo desmedidamente.
Presencia que muta…ausencia, ausencia.
Yo no dibujé esos paisajes, ya estaban allí aquella noche.
(Mi paciencia, tan incomprendida, halló coherencia en las fauces furiosas.)
Yo no quise oír como llamaba la desquiciada noche a las almas violetas.
Tendida en el piso frío fui recogiendo retazos de esa angustia,
De esa torturante angustia, que si bien redimió, también acusó.
Yo no quise dejar de mirar atreves del agua,
Cuando la palabra fue “dicha”;
La risa brotó de mi diafragma como un cumplido.
Sofocante, demencialmente sofocante.
(Mi paciencia aun así le dio una caricia de encaje negro para bordar sus delicados costados.)
Yo no quise esa estopa volátil para estancar la negra sangre que la madrugada perdía,
¿Para qué?
Había decidido verla desangrar.
Quisiera un ataúd en el alma para tantos muertos,
Quisiera un claustro en el corazón para encerrar aquellos más locos.
Sueños, sueños…
¿A dónde voy con todos ellos?
Una máscara casi imperceptible cubre el pálido rostro huesudo,
Una contorsión más y se la ajusta de vuelta.
(No sea cosa que se caiga, no sea que aparezcan las pupilas desalmadas)
Mientras contempla esos omóplatos que lo llevaron hasta esa cama solitaria.
Recuerda tantas otras camas, tantas otras espaldas camino al baño.
El humo del cigarrillo se le ocurre tibio, sin embargo está frío, está ido...
(Están las cucarachas y tantas otras alimañas.)
Se le ocurre que es todo el mismo proceso repetido,
El instinto nunca saciado,
La frustración, las ganas de abrazarlo en el baño.
La pesadez, la despedida.
La vuelta a merodear por inercia,
A olfatear otros omóplatos.
Sé que en noches de luna llena me has buscado,
Olfateado todos los recuerdos por mi dejado.
Ahora que no estoy vas,
Arqueando el lomo,
Erizando el pelo,
Gruñendo amenazadoramente.
Mi piel transparente ha vagado miles de vidas,
Escapando del vaho tibio de tu hocico endiablado,
Ha atravesado ríos de angustia y vientos de discordia.
Ha llevado la impresión de tus dientes predadores impregnados en sus poros.
(Tú que fuiste hijo bastardo de Mefisto)
Animal perverso que me acechas…
¿Cuán hambrienta está tu alma que necesitas alimentarla de la mía?
El cuerpo se va degradando con el tiempo, sí, así es…muchas otras cosas también.
Tiempo es dolor, tiempo es traición, tiempo es humillarse al capricho divino.
¿Cuál es la línea que divide los sentimientos
de los instintos?
Instintos de odio, de muerte, de lujuria y soledad al fin.
Saetas filosas atraviesan el espacio, los cuerpos, las madrugadas desgarradas.
Son las verdades, clavándose en la blanda carne del alma.
Tiempo, tiempo de dejarse morir, de dejar podrir cosas
que florecieron fuera de estación.
Tiempo de solamente callar.
(Ante esa hilera de blancos dientes, ésa manera de entornar los ojos cuando ríes.)
No soy quien tú crees, no quiero ser lo.
No soy quien quisieras que fuera, no podría ser lo.
Negaciones, negaciones.
Todo lo que quise de ti lo robé, no lo niego…no tengo ganas ya a estas alturas de usar una falsa moralidad.
Todo lo que robé de ti sin embargo ya lo habías regalado a otros.
Que ironía, que ironía.
¿Cuándo juegas, dime: a que juegas?
¿Que es lo que ejerce ese fascino tan poderoso y letal que te separa de las constelaciones que te deja sin luz?
Estas ahí…mas… ¿Dónde?
Ficticia piel de escamas relucientes , Hileras de esmaltados y falsos dientes , ¡Uy! No se soprendan si sus piernas nunca vuelvan a juntarse...
Volencia aquella era la del cielo despuntando en auroras violetas e inservibles. Ahora en ausencia.